Vivir aprendiendo
Juan siempre dijo que yo escribo mejor de lo que hablo, espero en este caso no decepcionarles ni decepcionarlo. Va por ti mi Juanito.
La primera dimensión que yo conocí de Juan fue la del maestro. En aquella época, a mediados de los ochentas, cuando un temblor similar al que tuvimos hace un mes sacudió no sólo nuestros suelos sino también nuestras conciencias, me resultaba imposible imaginar que aquel hombre de cabello, barbas y convicciones rojas, que transcurría por los pasillos rodeado siempre de estudiantes –que no de alumnos—(dejó de decirles así cuando aprendió de Carlos Antonio Aguirre Rojas que la palabra alumno alude a personas “sin luz”) sería con quien compartiría una de las etapas más felices y fructíferas de mi existencia y de quien aprendería no sólo a amar y respetar el quehacer docente, sino la vida.
Juan fue maestro antes que historiador. Carmen, “su jefecita”, como él solía llamarla, contaba que le robaba el saco a Juan, “su jefe” (rara vez Juan se refería a sus papás como “mi papá” o “mi mamá”, para él y sus hermanos eran Juan y Carmen); acomodaba botes y macetas para que fueran su audiencia, y comenzaba a darles clases. Carmen comentó con quien tenía cerca: “¡Qué bien lee!”. Luego descubrirían que Juan no leía, ya había memorizado no sé cuantas cosas, jugando a lo que sería de grande.
Ya de manera más seria, durante la secundaria, era quien preparaba los discursos para las ceremonias cívicas, discurriendo sobre los diferentes sucesos patrios del día, la semana o el mes, compartiendo el podio con José Sosa Ortiz, a quien más tarde conoceríamos como José José, que se encargaba de la parte musical de la ceremonia, al entonar el Himno Nacional.
Juan admiró y quiso profundamente a sus padres, los respetaba como pocos. Los veneró hasta el día de su propia partida. Tal vez su padre, sin querer le inculcó el amor por la historia. Resulta paradójico, pues cuando el Ingeniero Soria se enteró que Juanito estudiaría Historia en la UNAM, le retiró el habla. No podía imaginar que su primogénito fuera a estudiar algo que tal vez para él era un pasatiempo, pues el señor Soria era un voraz lector de toda clase de libros. En alguna ocasión en una de esas conversaciones que Juan tuvo con su papá, éste le contó que quien le había enseñado a trazar planos allá en Francia, donde transcurrió su niñez y parte de su juventud, había sido un viejo que había participado en la Guerra Franco-Prusiana. Eran este tipo de anécdotas las que apasionaban a Juan, cuando sentía que podía tocar el pasado con sus manos y su imaginación.
Fue también del Ingeniero de quien heredaría las ideas de izquierda. Su abuela, Petra Soriano, envió dinero a la causa republicana durante la Guerra Civil Española; y uno de sus tíos, estuvo preso en un campo de concentración nacionalista hasta el final de la guerra. En una ocasión, cuando Juan le preguntó a su papá mientras veía las noticias sobre la tensa situación entre Rusia y EEUU que a quién le iba, (como si fuera un partido) don Juan le respondió que a Rusia, por supuesto.
Quise contar estas anécdotas porque en el caso de Juan, todo suma para comprender su ser docente. Fue un lector voraz, igual que su padre y un incansable aprendiz. Salir con él de vacaciones era una experiencia única. Investigaba qué visitar, dónde llegar, qué beber y por supuesto dónde comer. Una vez que habíamos llegado a donde él quería, lo siguiente era preguntar, preguntar y preguntar. Para él, toda experiencia se convertía en un placer didáctico y cultural. No había un solo momento del que no pudiera aprender. Y no descansaba hasta haber saciado su sed de conocimiento. Siempre supo que cada cosa que él aprendiera se convertiría en algo que aportar a su quehacer docente. Consideraba que un maestro debía ser una persona culta, que supiera mucho de muchas cosas para acercar el conocimiento y crear curiosidad.
No fui su alumna formal, estuve cerca de serlo y muy cerca de sus alumnos. Competí con uno en particular. Buscábamos demostrar cuál de nuestros maestros de Historia de la Cultura era el mejor, si mi maestra o su “profito”, como él le decía. Ya saben quien ganó. Juan provocó un romance entre aquel estudiante y la Historia y a mi me enamoró diez años después. Además de aquel joven, que el día de hoy es doctor en Historia, sé que Juan inspiró a que muchos de sus estudiantes se acercarán a las humanidades o a las ciencias sociales, fueron varios los que estudiaron Antropología, Derecho, Sociología, Filosofía, Pedagogía, entre otras carreras, además de Historia. Lo sé porque algunos lo hicieron aquí.
Juan entró a Acatlán podría pensarse que por casualidad, aunque no lo creo así. Había sido maestro de preparatoria la mayor parte del tiempo porque como ya lo he dicho, esa era su vocación. Él llegó a tener la creencia de que la academia no era lo suyo. Varios de los intentos que llevó a cabo fracasaron incluso por causas ajenas a él. Como cuando en el 75 se fue a España con una beca para investigar el Archivo de Indias. Al parecer un día y de modo repentino le negaron el paso, informándole que México había roto relaciones con España como protesta por los jóvenes que recién habían sido condenados a muerte en la península por lo de Carrero Blanco. Juan se tuvo que regresar a pesar de que el 20 de noviembre de aquel año, un documental de pingüinos por la tele era la señal, la clave o el anunció de que el Caudillo había muerto.
Juan no se propuso entrar a Acatlán. Un día, su suegro, es decir mi padre, le preguntó si quería trabajar en Acatlán y Juan le contestó que sí. Al poco tiempo, currículum en mano, mi papá fue con el Mtro. Miguel Ángel Soto a entregárselo. Al maestro le urgía un profesor que pudiera impartir Medio Oriente Siglo XX. Era la única materia que daría y así empezó. Tuvo que estudiar y aprender. Si él sentía que no dominaba algún tema, él se ponía a estudiar. Para él lo más importante era no fallarle a sus estudiantes. Cada semana preparaba mucho material, que si sobre Palestina, que si la Intifada, que si sobre el Islám y Mahoma. Compró el Corán. Incluso fuimos a la representación de Pakistán en México, y como nos invitaron a hacer el rezo del ocaso, lo hicimos, con todo y abluciones previas. De todo aprendía y lo hacía con humildad; él buscaba exprimir hasta la última de gota de todas las experiencias que le proporcionaran conocimiento.
Después de un tiempo, hizo su ronchita en la FES. Ya no solo trabajaba en Historia, estaba en el SUA en Relaciones Internacionales. Por fortuna, empezaron a valorar su trabajo en la División de Humanidades. Empezó a trabajar con mayor intensidad en Historia y lo invitaron a trabajar en la LEI. La vida laboral de Juan llegó a ser, gracias a Acatlán, plena y muy feliz. Los estudiantes, sus compañeros maestros, las secretarías, los administrativos, los del sindicato, el personal de la limpieza, los que le vendían el café, los cigarros, las playeras o los mazapanes, todos merecían su atención y de todos me platicaba algo. Me decía, la mayoría de las veces frente a quien se refería: “Mira güerita, él es que te dije que vende esto o trae eso o le pasó aquello”. Si no, ya me tocaría inferirlo, como recientemente lo he hecho.
Para Juan, ese contacto con las personas era una oportunidad para aprender; sabía que la Historia la construía la gente con su día a día, con su quehacer cotidiano. Que enredarse como rebozo nuevo en clavo viejo, como bien refiriera Manuel Ordóñez, le traería un conocimiento que no se halla en los libros y que solo son capaces de leer quienes comprenden la complejidad humana.
Se dice que los hombres más grandes que ha dado la humanidad han trascendido en muchos casos por el servicio que nos han prestado, por el compromiso que han adquirido con quienes los rodean. ¿Y qué es un maestro, sino un gran servidor? Juan fue maestro por la pasión y la entrega; por poner sus conocimientos al servicio de los demás y por saber recibir lo que otros le aportaran y le enseñaran, siempre con humildad y alegría.
Finalizo mi participación citando un fragmento de un soneto que Petrarca le dedica a Laura Di Noves:
Bendito sea el año, el punto, el día,
la estación, el lugar, el mes, la hora
y el país, en el cual su encantadora
mirada encadenóse al alma mía.
Bendita la dulcísima porfía
de entregarme a ese amor que en mi alma mora,
y el arco y las saetas, de que ahora
las llagas siento abiertas todavía.
Bendito tú, Juan Soria, ya que a tu a lado aprendí que quien ama, se entrega; que quien se entrega es leal y comprometido; que quien está comprometido, lucha y no se deja vencer por nimiedades. Que quien es maestro ama, se entrega, se compromete y lucha. Que el que ama, acepta, critica y cuestiona, pero siempre con respeto y humildad. Que entre todos lo podemos todo, que entre todos lo sabemos todo. Que en la calle codo a codo, tú, yo y Amadeo, somos, fuimos y seremos mucho más que dos.
Atizapán de Zaragoza, a 25 de octubre de 2017.
La mujer de Juan
lunes, 6 de noviembre de 2017
miércoles, 19 de abril de 2017
Cochinos, marranos, puercos, cerdos...
Se detuvo una compañera a platicar conmigo. Abarcamos varios temas, hasta que llegamos a uno que en estos momentos es inevitable: las elecciones en Edo. Mex. Me contaba que su hermano militaba en Nueva Alianza, el partido de Elba Esther Gordillo. Que ese partido es una filial del PRI. Que operan en Ecatepec y en otros municipios, en y desde el SNTE. Que les recogen una copia de la credencial del INE y les prohíben presentarse en sus sitios de votación el día de la elección. Obviamente, si no obedecen corren el riesgo de perder sus prevendas, y hasta el trabajo. A partir de aquí yo le pregunté a la compañera: ¿Y cómo operan? Es decir, ¿cómo hacen el fraude?
Ella me dijo que esta gente consigue boletas limpias, para llenarlas con los votos de quienes entregaron la credencial y después las introducen en una urna que llevan a algún distrito electoral.
"Pero entonces --dije yo-- están coludidos con algún funcionario del INE". "Algo así --respondió ella".
Eso fue ayer, pero hoy un amigo me llama para contarme que estaba indignado, que había comprado un puesto en un tianguis; que por ponerse le cobrarían mucho dinero. Y que tenía que esperar a que llegara el candidato Del Mazo. Y como en la canción de Joaquín Sabina, les dieron las diez, las once, las doce, la una... La hora en que llegaría el PRISTA. Claro, amenaza previa: "Compañero, no te puedes ir. Si lo haces, pues se te quita el puesto". Si les suena a compra y coacción del voto, es mera coincidencia.
Ahora yo me pregunto: Nos lo cuentan, se rumora, los hemos visto, hay evidencia. Entonces, ¿qué esperan las autoridades electorales para actuar?
Todos estamos hartos, ya no queremos más gente de ésta. Abusan, extorsionan, corrompen. ¿Por qué ganan, si hacen trampa?
Ella me dijo que esta gente consigue boletas limpias, para llenarlas con los votos de quienes entregaron la credencial y después las introducen en una urna que llevan a algún distrito electoral.
"Pero entonces --dije yo-- están coludidos con algún funcionario del INE". "Algo así --respondió ella".
Eso fue ayer, pero hoy un amigo me llama para contarme que estaba indignado, que había comprado un puesto en un tianguis; que por ponerse le cobrarían mucho dinero. Y que tenía que esperar a que llegara el candidato Del Mazo. Y como en la canción de Joaquín Sabina, les dieron las diez, las once, las doce, la una... La hora en que llegaría el PRISTA. Claro, amenaza previa: "Compañero, no te puedes ir. Si lo haces, pues se te quita el puesto". Si les suena a compra y coacción del voto, es mera coincidencia.
Ahora yo me pregunto: Nos lo cuentan, se rumora, los hemos visto, hay evidencia. Entonces, ¿qué esperan las autoridades electorales para actuar?
Todos estamos hartos, ya no queremos más gente de ésta. Abusan, extorsionan, corrompen. ¿Por qué ganan, si hacen trampa?
viernes, 6 de junio de 2014
Espiral-Rehilete cumple años
Para hablar de esta agrupación teatral para niños, no quiero caer en lugares comunes como que "hace diez años dos mujeres aguerridas apostaron por un proyecto difícil de emprender, como el de formar una compañía teatral infantil, etc. etc" aunque sea cierto. Tampoco voy a escribir que "se las han visto negras", porque la verdad, eso, yo creo que todos, cuando hemos logrado vérnoslas (y que cada quien imagine o decida qué es lo que se ve). Menos voy a escribir aquello de"diez años se dicen fácil pero..." No, no, no, no, no.
Voy a hablar de cómo empezaron, de cómo siguieron y cómo continúan.
Estaban en unas instalaciones muy lindas, aunque creo que antes de esas instalaciones lindas, hubo otras que no lo fueron tanto. El primer montaje que vi fue, Guau, vida de perro. ¡Qué sorpresa ver a tanto chamaquito cantando y bailando, y tan sueltitos! ¡Guau! ¡Y ora éstas cómo le hicieron! Estaban como siempre, tan bien organizadas. Y es que Guadalupe la voz cantante del grupo, es como un reloj: precisa, exacta, diligente, inteligente, vaya, no se le va una. Y mi muy admirada Mada, todo corazón, siempre pendiente y amorosa, allá con los chiquillos. Pero habían crecido tanto en tan poco que ya hasta maestros de danza y canto habían contratado y toda la cosa.
Luego siguió Mundo Nocturno. Perdón pero voy a decir algo intimidante al respecto. Quien no conozca esta obra de la maestra Tere Valenzuela, ni sabe de teatro mexicano y mucho menos infantil. De verdad, el texto es un monumento, tiene de todo: Para reír, para reflexionar, para llorar, para echar relajo y lo más importante, para bailar y cantar, además de unos personajes entrañables, que hasta de los malos te enamoras. En este montaje los niños, no sólo cantaban y bailaban, sino que además ya participaban de técnicas circenses, una niña, por ejemplo, se trepaba a unos zancos, pero además experimentaron lo que es sacar adelante una temporada.
Con esta obra nos fuimos a San Luis Potosí al 1er Encuentro Nacional de Teatro Infantil, y digo fuimos porque así como ocurre con todo en esta vida, me fui involucrando y cuando menos me di cuenta, el hijo de mis entrañas ya era un personaje, un actor, un cantante y feliz miembro de Espiral-Rehilete y yo una asistente de la compañía.
Han seguido muchas obras y muchos niños: Mía, Alicía en el país de las maravillas, El pozo de los mil demonios, Curva peligrosa y actualmente, Momo. Y he visto con agrado cómo mis hermanas de Espiral-Rehilete han sembrado, proyecto tras proyecto, la semilla de la vida en el teatro, porque estos niños una vez que han sido tocados por el encanto de este arte maravilloso, son otros. Esa es la esencia de la compañía, no están ahí por la fama o el lucimiento personal, sino por un fin más sublime como el de la transformación.
Desde acá yo brindo un aplauso a esta compañía de teatro infantil, augurando una larga vida de teatro, porque mientras esfuerzos como estos existan, la esperanza de que seamos un mejor país no muere.
Finalizo. La Compañía Espiral-Rehilete está en Cuernavaca, Morelos. La integran muchos niños y niñas comandados por dos expertas en teatro y creatividad como son Guadalupe Corona Candelaria y Magdalena Cruz Alegría. Si alguno de ustedes desea unirse a este proyecto maravilloso, hagánmelo saber y de inmediato los pongo en contacto con ellas.
El teatro, más que un proyecto artístico, es un proyecto de vida.
Voy a hablar de cómo empezaron, de cómo siguieron y cómo continúan.
Estaban en unas instalaciones muy lindas, aunque creo que antes de esas instalaciones lindas, hubo otras que no lo fueron tanto. El primer montaje que vi fue, Guau, vida de perro. ¡Qué sorpresa ver a tanto chamaquito cantando y bailando, y tan sueltitos! ¡Guau! ¡Y ora éstas cómo le hicieron! Estaban como siempre, tan bien organizadas. Y es que Guadalupe la voz cantante del grupo, es como un reloj: precisa, exacta, diligente, inteligente, vaya, no se le va una. Y mi muy admirada Mada, todo corazón, siempre pendiente y amorosa, allá con los chiquillos. Pero habían crecido tanto en tan poco que ya hasta maestros de danza y canto habían contratado y toda la cosa.
Luego siguió Mundo Nocturno. Perdón pero voy a decir algo intimidante al respecto. Quien no conozca esta obra de la maestra Tere Valenzuela, ni sabe de teatro mexicano y mucho menos infantil. De verdad, el texto es un monumento, tiene de todo: Para reír, para reflexionar, para llorar, para echar relajo y lo más importante, para bailar y cantar, además de unos personajes entrañables, que hasta de los malos te enamoras. En este montaje los niños, no sólo cantaban y bailaban, sino que además ya participaban de técnicas circenses, una niña, por ejemplo, se trepaba a unos zancos, pero además experimentaron lo que es sacar adelante una temporada.
Con esta obra nos fuimos a San Luis Potosí al 1er Encuentro Nacional de Teatro Infantil, y digo fuimos porque así como ocurre con todo en esta vida, me fui involucrando y cuando menos me di cuenta, el hijo de mis entrañas ya era un personaje, un actor, un cantante y feliz miembro de Espiral-Rehilete y yo una asistente de la compañía.
Han seguido muchas obras y muchos niños: Mía, Alicía en el país de las maravillas, El pozo de los mil demonios, Curva peligrosa y actualmente, Momo. Y he visto con agrado cómo mis hermanas de Espiral-Rehilete han sembrado, proyecto tras proyecto, la semilla de la vida en el teatro, porque estos niños una vez que han sido tocados por el encanto de este arte maravilloso, son otros. Esa es la esencia de la compañía, no están ahí por la fama o el lucimiento personal, sino por un fin más sublime como el de la transformación.
Desde acá yo brindo un aplauso a esta compañía de teatro infantil, augurando una larga vida de teatro, porque mientras esfuerzos como estos existan, la esperanza de que seamos un mejor país no muere.
Finalizo. La Compañía Espiral-Rehilete está en Cuernavaca, Morelos. La integran muchos niños y niñas comandados por dos expertas en teatro y creatividad como son Guadalupe Corona Candelaria y Magdalena Cruz Alegría. Si alguno de ustedes desea unirse a este proyecto maravilloso, hagánmelo saber y de inmediato los pongo en contacto con ellas.
El teatro, más que un proyecto artístico, es un proyecto de vida.
viernes, 30 de mayo de 2014
La mujer de Juan: De unos años para acá me he convertido en una faná...
La mujer de Juan: De unos años para acá me he convertido en una faná...: De unos años para acá me he convertido en una fanática de la lengua española. Cuando estaba en la prepa tuve una maestra tan mala (que no se...
De unos años para acá me he convertido en una fanática de la lengua española. Cuando estaba en la prepa tuve una maestra tan mala (que no se entere, porque a pesar de todo me caía bien; se esforzaba por hacer una clase, aunque a la pobre no le saliera), que por mucho tiempo rechacé el tema. Ahora, a mis cuarenta y tantos disfruto una inmensidad escuchar... (pausa para hacerlo). Hay programas de televisión que solo los veo por eso. Para fortuna mía, a diario ocurren esos milagros. Para desgracia de ustedes, lo que escucho se me olvida, y aunque cargue con una libreta o tenga a la mano algún papelito, todo se me escurre. (Literal, estoy viva de milagro, me tropiezo hasta con mi sombra). Así que ahora que me he acordado de algunas frasecillas, intentaré referirlas.
En Crónica de Castas serie mexicana de muy alta calidad (a ver si en algún momento de mi existencia me sale escribir y participar en algo así), dirigida por mi muy admirado Daniel Jiménez Cacho, se avientan una que otra frase chida; y tiene que ser, pues se supone que todo se desarrolla en el muy entrañable barrio de Tepito (no le digo bravo, porque sería un cliché; además a mi me hubiera encantado que me acunaran ahí o por lo menos cerquita de). Y bueno, en un capítulo que me fascinó, paseaban a un ex-etarra que le dicen "El gallego". El pobre vasco por momentos no entiende un carajo lo que oye. Lo llevan a pasear, lo meten en un tugurio de mala muerte y le piden una bebida exótica, de esas que acá somos especialistas en mezclar, y le dicen: "Ándale cabrón, de hidalgo".
Él responde algo así como un "qué" o "cómo". De alguna manera que por obvias razones no recuerdo, le indican que se la tome "de jalón". Y lo que ocurre es que si le hubieran dicho "de jalón" tampoco hubiera entendido ni jota (Apenas comienza a llover por estas latitudes). La cosa es que le piden que "le dé fondo".
Estimadísimos lectores, como podrán leer, apenas hablamos de una frase y casi hemos abarcado un párrafo; pues eso es lo que ocurre con esta lengua nuestra tan infinita y fascinante que tuvimos la fortuna inmensa de heredar y hablar. (Continúo).
Otra de las frases que le espetan es: "Ya, hay que darle suelo". Ante esta, el personaje no hizo ni MUU, pues de seguro de retórica sí entiende, y supo que le "querían dar cuello", expresión similar a la anterior y que tampoco necesita amplias explicaciones.
Concluiré esta intervención virtual refiriendo un momento cumbre, la aparición de la frase "Asústame panteón". Y ni modo, haré valer mi condición de maestra de Lengua Española. Manera magistral la nuestra de manejar los pronombres enclíticos: Órale, ándale, piénsale, chúpale, métele... para concluir con asústame. Vaya, eso solo aquí, en mi México romanceador. Hasta Bart Simpson las ocupa, sólo que no nos enteramos por el doblaje, pero es legendario el "Óraley Homero".
A "El gallego" que no es gallego si no vasco, lo mandan a cobrar una deuda, y uno de los maleantes, le dice: "Asústame panteón". Y comienza el idilio, me enamoré de la frase.
Conclusión: Hoy la ocupé cuando una compañera me comentó que la habían amenazado si no hacía algo que debía hacer. Entonces le dije: "Ay sí, asústame panteón". Una mujer que firmaba unos papeles comenzó a reír alegre (sí, un pleonasmo y cuál es tu problema, se vale en este momento señor corrector de estilo. No le dijiste nada a Salomón o a quien haya escrito eso de "Bésame con los besos de tu boca") y agregó: "¡Hace mucho que no escuchaba eso!". (Se hace presente algo difícil de describir, un momento de fugaz felicidad; otro pleonasmo. Me vale. Con certeza quienes estábamos ahí lo fuimos).
En Crónica de Castas serie mexicana de muy alta calidad (a ver si en algún momento de mi existencia me sale escribir y participar en algo así), dirigida por mi muy admirado Daniel Jiménez Cacho, se avientan una que otra frase chida; y tiene que ser, pues se supone que todo se desarrolla en el muy entrañable barrio de Tepito (no le digo bravo, porque sería un cliché; además a mi me hubiera encantado que me acunaran ahí o por lo menos cerquita de). Y bueno, en un capítulo que me fascinó, paseaban a un ex-etarra que le dicen "El gallego". El pobre vasco por momentos no entiende un carajo lo que oye. Lo llevan a pasear, lo meten en un tugurio de mala muerte y le piden una bebida exótica, de esas que acá somos especialistas en mezclar, y le dicen: "Ándale cabrón, de hidalgo".
Él responde algo así como un "qué" o "cómo". De alguna manera que por obvias razones no recuerdo, le indican que se la tome "de jalón". Y lo que ocurre es que si le hubieran dicho "de jalón" tampoco hubiera entendido ni jota (Apenas comienza a llover por estas latitudes). La cosa es que le piden que "le dé fondo".
Estimadísimos lectores, como podrán leer, apenas hablamos de una frase y casi hemos abarcado un párrafo; pues eso es lo que ocurre con esta lengua nuestra tan infinita y fascinante que tuvimos la fortuna inmensa de heredar y hablar. (Continúo).
Otra de las frases que le espetan es: "Ya, hay que darle suelo". Ante esta, el personaje no hizo ni MUU, pues de seguro de retórica sí entiende, y supo que le "querían dar cuello", expresión similar a la anterior y que tampoco necesita amplias explicaciones.
Concluiré esta intervención virtual refiriendo un momento cumbre, la aparición de la frase "Asústame panteón". Y ni modo, haré valer mi condición de maestra de Lengua Española. Manera magistral la nuestra de manejar los pronombres enclíticos: Órale, ándale, piénsale, chúpale, métele... para concluir con asústame. Vaya, eso solo aquí, en mi México romanceador. Hasta Bart Simpson las ocupa, sólo que no nos enteramos por el doblaje, pero es legendario el "Óraley Homero".
A "El gallego" que no es gallego si no vasco, lo mandan a cobrar una deuda, y uno de los maleantes, le dice: "Asústame panteón". Y comienza el idilio, me enamoré de la frase.
Conclusión: Hoy la ocupé cuando una compañera me comentó que la habían amenazado si no hacía algo que debía hacer. Entonces le dije: "Ay sí, asústame panteón". Una mujer que firmaba unos papeles comenzó a reír alegre (sí, un pleonasmo y cuál es tu problema, se vale en este momento señor corrector de estilo. No le dijiste nada a Salomón o a quien haya escrito eso de "Bésame con los besos de tu boca") y agregó: "¡Hace mucho que no escuchaba eso!". (Se hace presente algo difícil de describir, un momento de fugaz felicidad; otro pleonasmo. Me vale. Con certeza quienes estábamos ahí lo fuimos).
lunes, 26 de mayo de 2014
Sobre lo que se discurrirá
Hola a tod@s, bienvenidos a este blog.
Como algunos de ustedes saben yo me he dedicado principalmente al teatro y a la educación, entonces de lo que puedo hablar es principalmente de estos temas; aunque también soy como todos ustedes un ser social, así que también hablaré de eso, de las cosas justas o injustas que ocurren en mi entorno y de algunas anécdotas alegres y no tanto que transcurran o hayan transcurrido.
Como algunos de ustedes saben yo me he dedicado principalmente al teatro y a la educación, entonces de lo que puedo hablar es principalmente de estos temas; aunque también soy como todos ustedes un ser social, así que también hablaré de eso, de las cosas justas o injustas que ocurren en mi entorno y de algunas anécdotas alegres y no tanto que transcurran o hayan transcurrido.
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