Para hablar de esta agrupación teatral para niños, no quiero caer en lugares comunes como que "hace diez años dos mujeres aguerridas apostaron por un proyecto difícil de emprender, como el de formar una compañía teatral infantil, etc. etc" aunque sea cierto. Tampoco voy a escribir que "se las han visto negras", porque la verdad, eso, yo creo que todos, cuando hemos logrado vérnoslas (y que cada quien imagine o decida qué es lo que se ve). Menos voy a escribir aquello de"diez años se dicen fácil pero..." No, no, no, no, no.
Voy a hablar de cómo empezaron, de cómo siguieron y cómo continúan.
Estaban en unas instalaciones muy lindas, aunque creo que antes de esas instalaciones lindas, hubo otras que no lo fueron tanto. El primer montaje que vi fue, Guau, vida de perro. ¡Qué sorpresa ver a tanto chamaquito cantando y bailando, y tan sueltitos! ¡Guau! ¡Y ora éstas cómo le hicieron! Estaban como siempre, tan bien organizadas. Y es que Guadalupe la voz cantante del grupo, es como un reloj: precisa, exacta, diligente, inteligente, vaya, no se le va una. Y mi muy admirada Mada, todo corazón, siempre pendiente y amorosa, allá con los chiquillos. Pero habían crecido tanto en tan poco que ya hasta maestros de danza y canto habían contratado y toda la cosa.
Luego siguió Mundo Nocturno. Perdón pero voy a decir algo intimidante al respecto. Quien no conozca esta obra de la maestra Tere Valenzuela, ni sabe de teatro mexicano y mucho menos infantil. De verdad, el texto es un monumento, tiene de todo: Para reír, para reflexionar, para llorar, para echar relajo y lo más importante, para bailar y cantar, además de unos personajes entrañables, que hasta de los malos te enamoras. En este montaje los niños, no sólo cantaban y bailaban, sino que además ya participaban de técnicas circenses, una niña, por ejemplo, se trepaba a unos zancos, pero además experimentaron lo que es sacar adelante una temporada.
Con esta obra nos fuimos a San Luis Potosí al 1er Encuentro Nacional de Teatro Infantil, y digo fuimos porque así como ocurre con todo en esta vida, me fui involucrando y cuando menos me di cuenta, el hijo de mis entrañas ya era un personaje, un actor, un cantante y feliz miembro de Espiral-Rehilete y yo una asistente de la compañía.
Han seguido muchas obras y muchos niños: Mía, Alicía en el país de las maravillas, El pozo de los mil demonios, Curva peligrosa y actualmente, Momo. Y he visto con agrado cómo mis hermanas de Espiral-Rehilete han sembrado, proyecto tras proyecto, la semilla de la vida en el teatro, porque estos niños una vez que han sido tocados por el encanto de este arte maravilloso, son otros. Esa es la esencia de la compañía, no están ahí por la fama o el lucimiento personal, sino por un fin más sublime como el de la transformación.
Desde acá yo brindo un aplauso a esta compañía de teatro infantil, augurando una larga vida de teatro, porque mientras esfuerzos como estos existan, la esperanza de que seamos un mejor país no muere.
Finalizo. La Compañía Espiral-Rehilete está en Cuernavaca, Morelos. La integran muchos niños y niñas comandados por dos expertas en teatro y creatividad como son Guadalupe Corona Candelaria y Magdalena Cruz Alegría. Si alguno de ustedes desea unirse a este proyecto maravilloso, hagánmelo saber y de inmediato los pongo en contacto con ellas.
El teatro, más que un proyecto artístico, es un proyecto de vida.
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