De unos años para acá me he convertido en una fanática de la lengua española. Cuando estaba en la prepa tuve una maestra tan mala (que no se entere, porque a pesar de todo me caía bien; se esforzaba por hacer una clase, aunque a la pobre no le saliera), que por mucho tiempo rechacé el tema. Ahora, a mis cuarenta y tantos disfruto una inmensidad escuchar... (pausa para hacerlo). Hay programas de televisión que solo los veo por eso. Para fortuna mía, a diario ocurren esos milagros. Para desgracia de ustedes, lo que escucho se me olvida, y aunque cargue con una libreta o tenga a la mano algún papelito, todo se me escurre. (Literal, estoy viva de milagro, me tropiezo hasta con mi sombra). Así que ahora que me he acordado de algunas frasecillas, intentaré referirlas.
En Crónica de Castas serie mexicana de muy alta calidad (a ver si en algún momento de mi existencia me sale escribir y participar en algo así), dirigida por mi muy admirado Daniel Jiménez Cacho, se avientan una que otra frase chida; y tiene que ser, pues se supone que todo se desarrolla en el muy entrañable barrio de Tepito (no le digo bravo, porque sería un cliché; además a mi me hubiera encantado que me acunaran ahí o por lo menos cerquita de). Y bueno, en un capítulo que me fascinó, paseaban a un ex-etarra que le dicen "El gallego". El pobre vasco por momentos no entiende un carajo lo que oye. Lo llevan a pasear, lo meten en un tugurio de mala muerte y le piden una bebida exótica, de esas que acá somos especialistas en mezclar, y le dicen: "Ándale cabrón, de hidalgo".
Él responde algo así como un "qué" o "cómo". De alguna manera que por obvias razones no recuerdo, le indican que se la tome "de jalón". Y lo que ocurre es que si le hubieran dicho "de jalón" tampoco hubiera entendido ni jota (Apenas comienza a llover por estas latitudes). La cosa es que le piden que "le dé fondo".
Estimadísimos lectores, como podrán leer, apenas hablamos de una frase y casi hemos abarcado un párrafo; pues eso es lo que ocurre con esta lengua nuestra tan infinita y fascinante que tuvimos la fortuna inmensa de heredar y hablar. (Continúo).
Otra de las frases que le espetan es: "Ya, hay que darle suelo". Ante esta, el personaje no hizo ni MUU, pues de seguro de retórica sí entiende, y supo que le "querían dar cuello", expresión similar a la anterior y que tampoco necesita amplias explicaciones.
Concluiré esta intervención virtual refiriendo un momento cumbre, la aparición de la frase "Asústame panteón". Y ni modo, haré valer mi condición de maestra de Lengua Española. Manera magistral la nuestra de manejar los pronombres enclíticos: Órale, ándale, piénsale, chúpale, métele... para concluir con asústame. Vaya, eso solo aquí, en mi México romanceador. Hasta Bart Simpson las ocupa, sólo que no nos enteramos por el doblaje, pero es legendario el "Óraley Homero".
A "El gallego" que no es gallego si no vasco, lo mandan a cobrar una deuda, y uno de los maleantes, le dice: "Asústame panteón". Y comienza el idilio, me enamoré de la frase.
Conclusión: Hoy la ocupé cuando una compañera me comentó que la habían amenazado si no hacía algo que debía hacer. Entonces le dije: "Ay sí, asústame panteón". Una mujer que firmaba unos papeles comenzó a reír alegre (sí, un pleonasmo y cuál es tu problema, se vale en este momento señor corrector de estilo. No le dijiste nada a Salomón o a quien haya escrito eso de "Bésame con los besos de tu boca") y agregó: "¡Hace mucho que no escuchaba eso!". (Se hace presente algo difícil de describir, un momento de fugaz felicidad; otro pleonasmo. Me vale. Con certeza quienes estábamos ahí lo fuimos).
Genial!!! y saludos a Juan
ResponderBorrarAquí estaré siguiendo a mi guía, o sea tú :)
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